domingo, 16 de mayo de 2010

Chocolate, canela y trigo

CHOCOLATE, CANELA & TRIGO... no son los ingredientes de una receta culinaria, son los colores de nuestra piel después de unos días de baño de sol en nuestras vacaciones. En su orden: chocolate (yo), canela (Santi) y trigo (mi esposo). Diferentes tonalidades en cada uno de nosotros. Obviamente, mi color natural al ser canela, con el sol se tornó más oscuro, lo mismo sucedió con padre e hijo. Pese a que sólo mi hijo y yo le dedicamos una hora diaria al mar y/o piscina.

Vacaciones que para mi marido no lo fueron, como suele suceder, mientras él trabaja nosotros aprovechamos para unirnos a sus viajes. Y así se convierten en vacaciones para nosotros!
A diferencia de las de febrero, esta vez, iniciamos Santi y yo por Cartagena. Nuestra hermosa ciudad, nos acogió al caer la tarde, mi hermano y familia abordo esperaban por nosotros en el aeropuerto Rafael Núñez.

El viaje fue un poco pesado para mi hijo, ése día había amanecido con algo de fiebre pero antes de coger el avión pasamos por el Clinicentro para que lo revisaran, la dotta (doctora) dijo que tenía la garganta un poco roja y le recetó los acostumbrados zyrtec y acetaminofén. Siendo así, viajamos sin inconveniente, era algo leve. A pocos minutos de despegar empezó la molestia, Santi no se amañaba, estaba inquieto, pero esta inquietud era diferente, no era de hiperactividad, de explorar, no, era de fastidio, y con toda razón, el pequeño hombre estaba nuevamente con fiebre, así que me las ingenié para sacar del morral con una sola mano, el jarabe y con la jeringa extraer la dosis y así dársela.
Logré que conciliara el sueño, y una vez en tierra estaba como si nada!

Al día siguiente, fue declarado festivo para la familia Pinzón González, a mi sobrina Itta (Isa) no la enviamos al colegio y mi hermano se tomó el día libre. Ese día nos alistamos y nos fuimos rumbo a la playa. Los niños, Santi, Jero e Isa disfrutaron del mar. Mi loquito, se creía un guardián de la bahía, yo tenía que estar encima, pues apenas veía que la ola llegaba a la orilla, se iba detrás de ésta. No le importaba las revolcadas que le diera, se paraba y volvía a meterse.
No puedo dejar pasar por alto el exquisito desayuno que preparó mi cuñada ese día. Los patacones con queso costeño que me había prometido me dejaron el ombligo parado. Casi no le dejo a mi hermano.

Al regresar de la playa, noté que el brote con el que había amanecido Santi este día, estaba más enrojecido, pensando que era por el calor, le apliqué caladryl, sin embargo, si persistía, al día siguiente lo llevaría al pediatra. Le di la dosis de acetaminofén. Mi amiga Marie, estaba por coincidencia en la ciudad, así que aprovechamos para vernos, fuimos al centro comercial y allí mi sobrina y Santi disfrutaron de las atracciones mecánicas.

Martes por la mañana, Santi amaneció nuevamente con el brote, así que nos fuimos a primera hora a ver al pediatra. La cita nos la dieron para la tarde, mientras, nos fuimos a pasar el día donde la tía de mi esposo, quien muy querida nos acompañó a la cita. El dictamen de la doctora fue: rociola, 5ta o 6ta enfermedad, alguna de estas era el virus, no se sabe con exactitud, pues era la 3era vez que le sucedía y en cada una lo había visto un pediatra diferente, era difícil precisar cual tenía en esta ocasión.

Pese a la virosis, mi hijo hizo de sus días un verdadero paraíso, yo le ayudaba, hidratándolo todo el tiempo, dándole sus medicinas y aplicándole la crema para aliviarle la piel, aunque el brote no le picara. Llegado el miércoles nos encontraríamos con mi esposo para viajar por la tarde a Santa Marta, historia que relataré en otro blog, al cual llamaré "Mi guardián del mar".

Nuestros días en la heroica, fueron heroicos. Aunque no pude pasear por el centro y comer las delicias de Mila o la Dulcería debido a lo de Santi, el haber compartido con la familia, el encontrarnos con mis grandes amigas Marie y Paola, fueron motivos suficientes para hacer historia en nuestra visita a la ciudad, recuerdos que quedaron fotografiados, algunos.


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